Abril 12, 2007...3:37 pm

Latifundio (3)

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…… “Ningún especialista discute que, en los grupos que trabajan sometidos a una gran presión, los conflictos nacen más fácilmente. Las nuevas formas de trabajo, que persiguen mejorar los resultados de las empresas sin tener en cuenta el factor humano, generan tensión y crean así las condiciones favorables para la aparición de la perversidad.

(…)

Una empresa desorganizada genera siempre tensión, ya sea porque los papeles están mal definidos (no se sabe ni quién hace cada cosa, ni quién es el responsable de algo), ya sea porque el clima de organización es inestable (se ha nombrado a alguien para un cargo pero no se sabe si va a permanecer en él), o porque se da una falta de consenso (las decisiones se toman sin el acuerdo de las personas interesadas).

(….)

Algunas empresas actúan como “exprimidores”. Hacen vibrar la cuerda afectiva, utilizan al personal pidiéndole siempre más y lo seducen con insinuaciones relativas a su promoción. Pero cuando el empleado está suficientemente “gastado” y deja de ser rentable, la empresa se deshace de él sin ningún remordimiento. En el mundo del trabajo, la manipulación es moneda corriente. Aunque, en un principio, lo afectivo no forme parte del juego directamente, no es extraño que una empresa, para motivar a sus empleados establezca con ellos unas relaciones que superan con mucho la relación contractual normal que se debería mantener. (…..) Por un lado, se les exige demasiado, lo que produce tensión, y, por otro, no reciben ningún reconocimiento de sus esfuerzos ni de su valía. Se convierten así en peones intercambiables”…..

Marie-France Hirigoyen – El Acoso Moral

 

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