Cuento by Ana2 – El Hombre que buscaba la Felicidad


Ana2 me ha dado permiso para publicar este cuento suyo. Me ayudaís a convencerla de que abra un blog. Los demás nos estamos perdiendo algo que a la “cabezota” no le da la gana de compartir. Y dice que no lo ha corregido……….. Envidia cochina que me da. 😉

Martín se sentó sobre la arena y miró al mar. Le encantaba la tranquilidad de la playa al anochecer, y la sensación de calor que le duraba en la piel después de un intenso día de baños y sol. A esa hora, el horizonte se vuelve rojo y el tiempo parece detenerse a esperar que la noche le transforme. Martín se sentó a recordar…


Miró la jaula vacía y preguntó a su madre con cara de desolación: -¿Mi cobaya no va a volver?
Martín- dijo su madre- la cobaya será más feliz en el campo que metida en esa jaula.
¡¡ Deja de llorar y piensa en lo feliz que será la cobaya corriendo a sus anchas y jugando con los demás animales!!Y su madre era una experta en felicidad. Sabía en todo momento lo que Martín necesitaba para ser feliz, no en vano fue la primera que le deseó un feliz cumpleaños y una feliz Navidad, y la que todas las noches besaba su frente y le deseaba que tuviera felices sueños.
Por aquel entonces Martín no acertaba a comprender la diferencia que hay entre ser feliz y estar contento, pero sabía que la sensación de tristeza que le acompañaba desde que su cobaya se marchó a buscar su felicidad distaba mucho de ser una de las dos.
Así entendió que ese nudo en el estómago que le hacía querer acurrucarse junto a los pocos recuerdos que le quedaban de su compañero peludo, y se le trepaba por dentro hasta que salía por sus ojos en forma de lágrimas, era la sensación de pérdida.
Martín nunca había intentado hacer feliz a nadie, pero pensó que si una perdida provoca un sentimiento tan horrible, la solución estaba en “recuperar lo perdido”, y en aquel momento decidió que iba a dedicar todo su esfuerzo a encontrar las cosas perdidas para que nadie se sintiera tan triste como él.

Y encontró muchas cosas perdidas: un paraguas olvidado en la barra de una cafetería, un libro rojo que parecía esperar a su dueño en una parada de autobús, pequeñas fotos de carnet de las que ya se había borrado la sonrisa de sus dueños, guantes desparejados, llaves, monedas, un balón que rodaba calle abajo, un zapatito de bebé…

Su habitación, antaño limpia y ordenada, empezó a llenarse de multitud de cosas perdidas, y el montón crecía y crecía sin que Martín se sintiera más feliz por ello.
-Será que todavía no he encontrado lo suficiente- pensaba.

Hasta que una mañana de sábado su madre cansada de recoger todo aquello le dijo:
– Cariño, esto no puede seguir así, voy a tirar toda esta basura porque me da miedo que un día se te caiga encima y te haga daño.
-Pero mamá- dijo Martín angustiado-¿cómo voy a ser feliz sin las cosas perdidas?
-Hijo mío, la felicidad no funciona así, encontrar algo perdido sólo hace feliz a quién lo perdió y lo recupera, y tú no vas a ser más feliz con éstas cosas porque no fuiste tú el que un día las perdió.

Martín pensó que su madre tenía razón, y por mucho que le dio vueltas a la cabeza, no dio con la forma de poder devolver todo aquello a las personas que andaban por ahí siendo infelices, porque sencillamente, él no sabía cómo encontrarlas.

Esa misma tarde fueron a visitar a su abuela. No llamaron al timbre como de costumbre, esperando que la abuela abriera la puerta con una sonrisa y un caramelo escondido en el hueco de su mano, sino que entraron con la llave de su madre y pasaron en silencio hasta el dormitorio. Aquella tarde su abuela estaba acostada y a Martín le pareció que la persona que le miraba desde en la cama no era su abuela, sino una anciana triste y enferma cuyo rostro le resultaba familiar.

-Martín, que malo es perder la salud- murmuro la anciana- no la pierdas nunca querido.

Esa era la” solución”. Recuperaría la salud que la gente perdía. ¡Sería medico!

Con el paso del tiempo Martín se convirtió en un gran médico y consiguió hacer feliz a mucha gente recuperando su salud perdida. Ya no necesitaba el consejo de su madre para ver la diferencia entre estar feliz y estar contento, él estaba casi siempre contento pero sabía que no era feliz.
Descubrió que por mucho que lo intentara, no siempre podía encontrar la cura para todos los males, y se encontró con la difícil situación de tener que informar de ello. En ocasiones la gente desconocía que estaba enferma, y era él el que les hacía desgraciados al encontrar su “mal” en lugar de su salud perdida.

Así que una mañana mientras tomaba café, se encontró con la mirada de una mujer que le dedicaba una amplia sonrisa y supo que en ocasiones, también nos sentimos felices cuando encontramos algo que no habíamos perdido. Ambos, el destino y él, quisieron que la mujer se instalara en su corazón. Ahora que la había encontrado, no deseaba que ella se perdiera de ninguna de las maneras, y ella le enseñó más de la felicidad que todos sus años de medicina.
Supo entonces que la felicidad es efímera, como un copo de nieve que mueve el viento, y que es más apreciada por los que no la tiene que por los que realmente se consideran felices.
Buscar la felicidad es lo que hace que nos levantemos por la mañana con ganas de empezar un nuevo día, y la razón por la que cerramos los ojos con esperanza cuando éste acaba.
La gente feliz provoca más envidia que la gente bella o rica, y sin embargo nos empeñamos en evitar la felicidad cuando pasa por nuestro lado, bien por miedo, bien porque no la sabemos reconocer.
Todos queremos ser felices, pero la mayoría no sabemos cómo conseguirlo, y al igual que Martín, nos pasamos la vida persiguiendo metas equivocadas que, la mayoría de las veces, nos conducen sólo a encontrar un gran vacío que no sabemos con qué llenar, y poco a poco vamos vertiendo en él toda nuestra amargura, nuestra tristeza y nuestros miedos, hasta que el vacío se llena y se desborda sobre nuestra vida.

Martín descubrió que él podía ser feliz cuando se dio cuenta de que lo único que necesitaba era igualar sus metas y sus logros, sus necesidades y sus posesiones, llenar sus ganas de amar con amores correspondidos, sus carencias con aprendizaje, sus inquietudes con tranquilidad y sus batallas perdidas con la paz del guerrero.

Supo entonces que no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita, y aprendió a disfrutar de sus momentos de felicidad y a apreciar el maravilloso camino que hay que recorrer para enlazar el momento feliz que se marcha y el que nos queda por vivir.
Siempre le había gustado comparar la felicidad con la comida: por muchos manjares deliciosos que haya en la mesa, una persona satisfecha no quiere seguir comiendo, hasta que, pasada la sensación de saciedad, vuelva a tener hambre y busque más alimento.

Así mismo cualquiera de nosotros, pasado un intenso momento de felicidad, entramos de lleno en la búsqueda de un nuevo reto, de una nueva aventura que nos inquiete, de una ilusión por descubrir o de aquello que un día perdimos y que luchamos por recuperar. En definitiva, otro momento feliz.

Martín miró de nuevo al mar y una emoción conocida y cercana le inundó el alma.
Sólo buscaba la paz de una puesta de sol y el murmullo del mar, y eso era lo que tenía.

Era feliz…..

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26 comentarios

Archivado bajo Blog Compis

26 Respuestas a “Cuento by Ana2 – El Hombre que buscaba la Felicidad

  1. sonia

    Ana2 ¡¡¡Esta muy bien!!!, ésta es una buena razón para abrir un blog, te lo dice una que no lo tiene porque ni se la ocurre escribir algo asi.
    Animate y comparte con nosotros tus historias. Besitos.

  2. sonia

    Brixta: ¡¡¡quiero post romanticon del finde!!. Y si no es romanticon tambien me vale, pero cuentanos que tal os ha ido.

  3. Vale Sonia! Lo prometo, es que hoy estoy espesita….

  4. Ana2

    Gracias como siempre Sonia!! Pero aunque la idea de un blog me parece tentadora, no creo que tenga la tenacidad suficiente como para dedicarme a ello. De momento me dedico a admirar a todos los “titulares” de blogs por su dedicación!!

  5. Iwi

    Muy bonito el cuento y contiene muchas verdades. Además los cuentos con niños con protagonistas son muy difíciles de hacer y éste está logrado.
    Efectivamente, Ana2, yo si fuera tú me planteaba la idea del blog. Yo te leería.

  6. Ana ¿por qué no te animas a escribir en un blog como debe de ser? 😛 ya en serio deberías hacerlo yo sería de las primeras que te visitaría y gracias a Brix por compartir con nosotros la buena pluma que tienes.

    Felicidades Ana2

  7. Lo que debería de hacer es seguir escribiendo, ya lo sabe.

  8. en cuanto tenga un momento de calma y reposo lo leo con la atención que merece.

  9. B

    Lo mismo que Gurb digo. Tiene buena pinta y me lo leo con tranquilidad esta noche.

  10. In I Go

    Precioso cuento, Ana2.

    A mí, sin embargo, me da pena la pobre cobaya.

    Había nacido en cautividad. Se libró por los pelos de que la llevaran a aquel laboratorio donde terminaron casi todos sus hermanos. No le molestaba demasiado la jaula, porque era donde siempre había estado. Sin embargo, agradecía que Martín la sacara de vez en cuando, la colocara sobre su pecho y la acariciara con esas manos calientes.

    Estaba acostumbrada a que le dieran la comida, a tener limpia la jaula y, sobre todo, al calor de aquella casa. De vez en cuando, cuando Martín se quedaba dormido, se soltaba de su abrazo, recorría la casa y acababa escondida debajo del sofá. Ya sabía que la iban a encontrar.

    Pero un día alguien se dejó abierta la puerta. Su curiosidad le llevó a salir. Salió, se paseó por el jardín y se perdió. No encontró el camino de regreso. No encontró a nadie conocido ni a nadie de su especie. Empezaba a tener hambre y no sabía dónde buscar la comida. Llegó la noche y empezó a tener frío. No sabía dónde guarecerse.

    En el fondo, agradeció, al día siguiente, que aquel gato acabara de una certera dentellada con sus penas.

    No, no creo que fuera feliz.

  11. Ana2

    Gracias a todos por vuestra atención y ánimos!! Gracias Brixta por hacer público mi humilde cuentecito. Y lo del blog….seguro que si lo abro sereis los primeros en saberlo!! Aunque lo único que tengo es mucha afición….

    A “tí” sólo te puedo decir que hace falta ser macabro!!

  12. In I Go

    No te falta razón.

  13. 😀 In I Go, siempre es bueno ver las dos versiones. Otro que tal baila con el blog. A ver si nos animamooooooos!

  14. In I Go

    Cuando molestas, no.

  15. Abeji

    Ains…precioso…Anaaaa nena te quiero ver abriendo un blog, ya…:D

  16. Bonito cuento, sinceramente.

    Ya le dije a Ana que no creo en la felicidad absoluta, hay momentos felices, que hay cosas que a mí me hacen feliz y que a otras personas no…etc…etc…

    Animo a Ana a que haga lo que de verdad le apetezca. la conozco y sé que sabrá elegir.

    Saludos Brixta y gracias Ana por compartir con todos lo que escribes.

  17. Perdón por el punto. Era una prueba.

  18. In I Go

    Cuidado con las pruebas: pueden ser mal interpretadas.

    Me quedé con mal cuerpo después de mi último comentario. No por lo que dije, sino porque, al releerlo, pensé que se podía interpretar de modo diferente a lo que quería decir. Pero después de un full stop, shut up.

    Me explico:
    Mi comentario de la cobaya lo hice porque es lo que veía. Tal vez sea porque no veo en los animales la malicia que veo habitualmente, demasiado, en las personas. Ellos no suelen hacer nada para joder, lo hacen por instinto, por necesidad o por lo que sea, pero no para joder. Me caen bien, y la cobaya me dio pena. De verdad.

    Al leer el comentario de Ana2 pensé que le había molestado. Ella es la autora del cuento y vi mi comentario improcedente. De ahí viene el segundo. No era mi intención molestar, sino todo lo contrario. Parece que me equivoqué (twice), y pido disculpas. Full stop.

  19. Huy, perdona In I Go, tendría que haberlo explicado. No me imaginé que un punto significara tanto para tí. ;). Ahora en serio, era una simple prueba, porque blogger no me dejaba firmar con mi nombre. Sorry, por el malentendido.

  20. In I Go

    Vamos Brixta, tú también has pasado por la Deutsche Schule.

  21. Ana2

    Me consta que el punto de Brixta era una prueba…es raro pero es así..ja, ja
    In I Go : Efectivamente me molestó, y pensé: “pués no va el tío y mematalacobaya “…yo ni había pensado en que se moría…claro, realmente en mi cabeza era una cobaya “transitoria” para explicar un sentimiento de pérdida, pero supongo que imaginé que la madre la soltaba en el campo donde la recogió. No sé muy bien por qué me molesto, igual es porque nunca he expuesto publicamente nada de lo que he escrito…pero agradezco sinceramente tus disculpas. Una de las cosas que separan éste medio de la realidad es que no se aprecia el gesto, ni la expresión de los ojos, ni el tono de voz, ni los matices, y a veces eso da lugar a malos entendidos…porque no siempre somos “impecables” con las palabras. Muchos comentarios me han hecho reir, otros llorar, pero hasta ayer, ningunio me había cabreado…y eso también es bueno. Significa que tengo sentimientos…aunque me los promueva un cibermundo!! Gracias In I Go!!

  22. No he tenido tiempo de leer los comentarios bien, y me tengo que ir, pero yo aqui no tengo nada que decir. Sera “mi” blog, pero el post es de Ana. Tendria que haber hecho la prueba en otro post, pero no me di cuenta.

    In I Go, he conseguido borrar de un plumazo toda la mierda que me metieron en ese colegio, gracias a dios.

  23. In I Go

    Brixta, no todo sería mierda.

    Ana2, las cobayas vienen de Sudamérica. Aquí no existen en libertad. Gracias a tí.

  24. Ana2

    Es que la acción…no tiene porque transcurrir en España!! Lo mágico de los cuentos es que todo vale!!

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