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Pon un guiri en tu vida…… (Part Güán)

Y acabarás bebiendo cerveza como si fuera agua.

Y teniendo un manolo-cervecero de lo más sexy.

Y te parecerá lo más normal del mundo meterte una botella y media de vino a la hora de la comida delante de la Chupifamily sin que, encima, te afecte lo más mínimo.

Y comerás a las doce un sandwich guarro y, cenarás a las 7, roast beef.

Y una “patata enchaquetada” (jacket potato) te parecerá una comida sana y equilibrada.

Y un curry de carne de rata picada con salsa de color no identificado, una delicatessen.

Y llegar a casa a las 2 AM te parecerá haber salido a saco y haberte pegado el peazo-juergón del que tardarás en recuperarte una semana.

Y te hablarán en inglés por la calle en tu propio país.

Y te intentarán timar y hablarán de ti pensando que no los entiendes.

Y te emparaionarás con que hablas alto aunque el de enfrente no te oiga.

Y te olbidaras de avlar y ejcrivir tu propio hidioma, sin aprehender del todo el sullo.

Y tu idioma oficial será el Spanglish. Ya no pasarás el aspirador sino que “vacunarás la carpeta” (vacuum the carpet), o tendrás “tomatoes” en tus “socks”.

Y tomarás por psicópatas esquizofrénicos a los desconocidos que te hablen por la calle, aunque sólo te pregunten la hora.

Y te joderá (mucho) que te fichen en el metro e intenten leer de tu prensa (gratuita) que es sólo tuya que para eso has hecho el grandísimo esfuerzo de agacharte a cogerla tú.

Y dirás “ejjjjqüismi” cuando te pisen a ti en el metro. Repito: cuando TE PISEN A TI.

Y te parecerán unos maleducados de mierda cuando tú los pises y no te digan “zorri”.

Y te entrarán ganas de matar a las viejas que se cuelan delante tuyo en el mercado, porque han cometido el mayor de los pecados capitales: “Jump the queue”.

Y las camisetas de fútbol te parecerán prendas de etiqueta y el colmo del glamour para salir por la noche.

Y te movilizarás como no lo has hecho en la vida buscando entradas por toda la ciudad para un partido de esa mierda de deporte que te resbala más que un cerdo en una bañera llena de aceite Johnsons.

Y cuando salga el sol te parecerá un fenómeno paranormal y saldrás desesperada a la calle no vaya a ser que sea tu última oportunidad de verlo en siglos, cual Cometa Halley.

Y te pasearás por Sevilla, en pleno agosto a las tres de la tarde, en una calesa intentando poner cara de que lo estás pasando de puta madre, mientras tratas de ignorar que te estás derritiendo.

¡Qué duro es ser emigrante retornado!

(Dedicado a Lifey quien tiene fijación con los guiris. ¡El que avisa no es traidor!)

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De Cuando los Mitos se Caen

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Sigo desgranando las obsesiones de El Caracol , que como veis son muchas y cundiditas. Aún no os he hablado de la principal: la música. No exagero nada si digo que tiene más de 4,000 cedeses, y la colección crece día a día, a un ritmo de 10 cedeses aprox. a la semana. No le vale bajárselo de la mula (no sabía ni lo que era hasta que se lo dije yo). Él quiere su original con la correspondiente cubierta. 

El Caracol se ha gastado en un equipo de música lo que yo ganaba en cuatro meses juntos. Sueña con el día en que pueda tener su propia casa y cambiar la instalación eléctrica, ya que los cables son fundamentales para poder escuchar el aparatito ese tan barato a pleno rendimiento, y se imagina viviendo en el campo, aunque se pudra del aburrimiento, sólo para poder poner la música a toda pastilla. 

El Caracol se pasa las horas muertas haciendo mp3, cedeses para amigos, y actualizando una hoja Excel donde los tiene todos clasificados. 

El Caracol no sólo tiene de todo tipo de música inimaginable, incluyendo unos insufribles villancicos Heavy Metal, sino que sabe de cualquier grupo o cantante su vida, evolución musical, donde vivió/vive, la talla de calzoncillos/bragas/zapatos que usa y hasta cuántas de rayas de coca se mete a la semana. Da igual la década y/o estilo musical. 

El Caracol me ha abierto los oídos a música de la que jamás había oído ni hablar empezando por música del desierto, pasando por la banda de su pueblo y acabando en el Reggae-Metal. 

Gracias a El Caracol sé diferenciar entre Rap londinense y Rap de Birmingham, Dark Dub y White Dub, Drum & Base según la zona de Londres en la que se haya producido, etc. (De los nombres ni me habléis, pero eso tiene que ver con mis defectos de fábrica y dificultad de retención de datos). 

El Caracol consiguió que me vuelva medio gafapasta y me guste el Jazz, que ya tiene mérito porque para mí era música de ascensor o lobby de hotel de lujo. 

El Caracol me ha llevado a mil conciertos en Londres, y conozco todas las salas en esa ciudad que no son pocas. He visto actuar a dinosaurios Punk legendarios como The Damned, en cuyo concierto me sentí una niñata, y para colmo, de las pijas, porque no se me ocurrió disfrazarme de punk pasada de vueltas y generaciones. 

Gracias a El Caracol sé que Ryan Adams no tiene nada que ver con Brian (Adams), y que es un desequilibrado mental que según le pille el día bien se emborracha en el escenario e invita a rondas a todo el público, o bien les escupe y deja el concierto a medias porque “alguien de la primera fila le ha mirado mal”, como tuvimos la grandísima suerte de comprobar nosotros. 

El Caracol es el oráculo musical de cuantos conoce, incluyendo a mi familia y amigos, la suya, nuestros vecinos, etc. El Caracol tiene un amigo que es crítico musical en un periódico con el que debería compartir la nómina porque es una de sus principales fuentes de información para parte de sus artículos. 

Siempre me he sentido muy orgullosa de su buen gusto musical y oído, y estaba contentísima de que cada X tiempo me “llenara” el iPod con música, a fin de instruirme y descubrir nuevas cosas. 

Pero entonces, señores, el desafortunado día llegó. El mito se cae, y ya no le puedes ver con los mismos ojos. Te hace dudar de si no habrás estado idealizándole todos estos años. Mi gurú musical particular se cayó del pedestal, perdió su cetro y mi respeto. 

Si piensan que mis palabras son duras, imaginen que escuchan su iPod compilado por su gurú musical, y les salta ESTO. 

Y ahora, si tienen narices, van y me dicen que no es para tanto.

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Desventuras en el Metro by Brixta II o Cobaya Humana

 

Brixta fue ayer utilizada en un experimento sociológico, sin su previo consentimiento, llevado a cabo en el metro de Londres alias subsuelo AKA jaula de hamsters humanos. Hay que aclarar que ayer, unos cuantos, fuimos cobayas humanas. No fui yo sola la pringá.

 

 

 

Ayer, martes y 13 (Gracias Psikkilla, me hiciste ver la luz), Brixta abordó el tren de todos los días, a la misma hora de todos los días, y se sentó en el vagón de todos los días, el último del convoy. La tienen fichada y sabían que iba dentro. Sabían que qué mejor espécimen humano a utilizar como objeto de estudio que la pringada de Brixta, quien normalmente calla y traga hasta límites insospechados. Es 1984 hecho realidad. Con tanta cámara y tanto control de datos, era cuestión de tiempo.

 

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Croquis de la línea que utiliza Brixta todos los días. Sube en Baker Street y baja en Canary Wharf. He intentado poner el croquis de la línea oficial pero no me dejan porque es un documento “manita”, mongolianamente conocido como “little hand document”.

 

 

En la estación de Baker Street, Brixta se sienta, muy ufana de haber encontrado un espacio libre. El “ufanismo” se le acabó a los tres segundos cuando se sientan a cada lado sendos obesos alias mucho más que gordos AKA ballenas humanas. Brixta tampoco es que sea pequeñita, con lo cual no se puede ni mover para sacar el libro del bolso. Tren se pone en marcha. Brixta observa -ya que no puede leer se tiene que entretener en algo- a la fila de gente sentada delante suyo: Cuatro embarazadas -Y luego dicen que la tasa de natalidad en este país está por los suelos-, el loco habitual que habla solo, un tío con un tic nervioso de lo más extraño, un cura vestido a la antigua usanza -con sombrero de alas redondas ¿A éste de dónde lo han sacado?-, y tres polacos, pasándose una botella de vodka, que deben trabajar en la construcción porque tienen pintura seca hasta en las cejas, y bolsas repletas de herramientas. (Son buenas pistas, ¿no?. Pero puede que me equivoque y sean violinistas, no sé).

Siguiente estación y los polacos se levantan. A uno de ellos se le cae una llave inglesa tamaño industrial en el pie del obeso de mi derecha. Obeso grita. Polaco se da la vuelta agresivamente diciendo con la mirada: “¿Qué pasa gilipollas? Que te estampo la llave inglesa en el cráneo seboso ese que tienes” Obeso farfulla, resopla y se agita agresivamente también y mira a Polaco con cara de asesino. Brixta quiere salir de ahí desesperadamente, ya que no cree poder esquivar el codo del gordo por mucho más tiempo sin que se lo clave en el ojo. Brixta está encajada. No se puede mover. Tren pita y los polacos salen corriendo. Buffffffffffffffffffffffffff (Onomatopeya de alivio). Tren en marcha otra vez.

Siguiente estación y se suben cuatro tíos como armarios de grandes con camisetas de algún equipo de algo (n.p.i.) con un pedo cuadrado.

Siguiente estación y una pareja se empieza a pelear a gritos. El bebé que llevan consigo se pone a berrear.

Siguiente estación y la pareja, peleándose aún y Bebé deshidratándose, pero no se bajan. (Tortura psicológica al prójimo, se llama eso).

Siguiente estación y la pareja sigue sin bajarse, sin parar de pelearse y Bebé sin parar de berrear. (¿Dónde está Herodes? ¡Coño!)

Siguiente estación y se baja la pareja escandalosa, pero se suben unos diez tíos con una borrachera del quince, todos con la misma camiseta. Brixta deduce (Ayer se metió a saco en el papel de Perry Mason, tanta pista dejada por ahí que le obligan a hacerse la inteligente) que son del equipo contrario de los que se subieron en la estación anterior. Malas caras, empujones, insultos, gritos, forcejeos. ¡Qué bonito es el deporte, oiga!.

Siguiente estación y se bajan todos los “camiseteros” de un color y del otro. Otro bufffffffffffffffffffff de alivio. Sube un tiarrón increíble vestido de ejecutivo elegantón y un tanto pijo, entre otros energúmenos que no interesa destacar. Brixta despachurrada, se deleita la vista, ya que el resto de sentidos como que no le dejan hacerlo y de otras cosas vitales, como respirar, tampoco. Tren se pone en marcha. Ejecutivo elegantón es un “ipoero pofessional” (de esos con cascos C3PO) y se echa unos bailes que ni en el Heaven. Él solito sin ayuda de nadie y cantando a la vez. Ejecutivo nos mira a todos con cara de coña. Brixta tiene que reprimir la carcajada, y realmente le cuesta. Hasta duele la mandíbula del esfuerzo.

Siguiente y penúltima estación: Sube un ejército de Hare Krishnas a jalearnos con sus danzas y campanitas. Ni que decir tiene que el ejecutivo cañón se unió a ellos. Brixta se tiene que morder la lengua y está roja como un tomate. (Señores investigadores de experimentos sociológicos, lo consiguieron: Brixta va a estallar).

Última estación o Canary Wharf (Quéviajemáslargohombrepordios): Brixta se puso algo celosa de todos los anteriores por dar la nota y ella no. ¡Amoshombre! Va a ser Brixta menos que todos los frikies esos. Brixta forcejea entre las ballenas humanas para salir de allí. Brixta tiene prisa por si el tren cierra las puertas sin haberle dado tiempo a salir. Brixta, de por sí es patosa, pero si le ponen obstáculos por medio hacen peligrar su vida y la de los inocentes que están en su camino. Brixta engancha su pie en el tirante de una mochila y con el impulso acelerado y los “traspieses” se embala y su frente acaba en el lado de la escalera mecánica.

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Esa mismita que ven en la foto. Deberían poner una placa en ese lado de la escalera: “Brixta se dejó los cuernos, ganados a pulso, justo aquí. Pueden besar la placa y adorarla. O escupirla, ya puestos”.

 

 

 

 

Si ésto no era un experimento sociológico, ¿dónde coño estaba la cámara?

 

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El Latifundio (1)

Mi obsesión de hace un par de meses (Mentira, son años) es el maldito Latifundio alias Circo (lugar dónde Brixta se gana los cuartos para pagar el alquiler y un par de vicios, ya que no llega pa´más). Mi obsesión más que el sitio en sí, es cómo coño salir de él, pitando y lo menos damnificada posible, tanto por daños físicos (Eso está por ver) como psicológicos (Too late my friend, para esto). Al menos no más ralladas y paranoias varias, así como patadas a la autoestima y otras partes blandas.

Para entender la postura de Brixta voy a pasar a explicaros la jerarquía del Circo en el que pasa horas (las mínimas) diariamente, digna de cualquier latifundio del Siglo XV (de ahí su apodo), en las que nos incluimos los “desgraciaos” que nos matamos diariamente a deslomarnos en ella a cambio de básicamente: puteo, bastante desprecio y jornales irrisorios.

La jerarquía es simple, aunque se divide en categorías. Cada una cuenta con personajes singulares , que serán explicad@s más adelante , en sucesivos posts, según le de a Brixta, que está muy pa´llá últimamente. (El que avisa no es traidor. Quizá deberíais dejar de pasar por aquí una temporadita).

  • El Cacique alias “joputamásgrandequehaparidomadre” AKA director general. Éste tiene derecho a TODO. Casi hasta al derecho de pernada, que debe ser lo único que le falta.
  • El Séquito de Lameculos del anteriormente mencionado alias los Guays del paraguay AKA jefes de departamentos varios. Sus funciones principales son: El propio nombre lo dice, lamer ciertas partes traseras y, seguro que más de uno, frontales.
  • Los bufones alias mecreoalgoperoenelfondoyenlasuperficienoséhacerlaOconuncanuto AKA a cargos intermedios o dale-un-encarguito-a-Fulanito-y-verás-cómo hace-el-pringadito
    (Adaptación by Brixta. No me acuerdo del maldito refrán. ¿Alguien se acuerda?. Soy de ésas que hasta que no recuerda algo está continuamente dándole a la neurona. Ayuda, plis).
  • La Chusma alias proletarios alias sácanos-las-castañas-del-fuego-por-cuatro-duros-de mierda-y-en-condiciones-tercermundistas-y-pobre-de-ti-chusmero-como-no-salga-todo-rodado,-porque-la-culpa-es-tuya-y-sólo-tuya.

Por si acaso eres medio gilipollas y no te ha quedado claro quién es quién, los anteriores se encargan de recodarte tu lugar de varias maneras. Una destacable (aunque hay muchas más, pero no tan obvias como ésta) es, tanto el Cacique como los Guays del Paraguay disfrutan del tremendo privilegio de entrar por la entrada principal del edificio alias Puerta Grande, cual torero. Tú, chusma de mierda, entra por la puerta de atrás alias Ratonera, atravesando pasadizos secretos con goteras cercanos a las mazmorras alias criadero de gérmenes AKA vestuarios. Y dios te libre de que te pillen saliendo o entrando por la Puerta Grande, y no por la Ratonera. La razón que sea por la que cruces el umbral de los iluminados, da igual. Te cuelgan del patíbulo con ensañamiento y premian con decapitaciones a los osados que se pongan chulos.

¿Y en qué categoría se encuentra Brixta? Se preguntarán. Le hicieron una nueva para ella solita, llamada Chica-pa´tó alias Pringá AKA te-hago-un-3(curros)-x-1(jornal/sueldo). Es decir, es chusmera pero con derecho a látigo de vez en cuando, sólo para esgrimirlo y hacer ruido sin ponerse demasiado chula o llamar las cosas por su nombre; y sobre todo, NUNCA ponerse de parte de la Chusma. Les salió el tiro por la culata o la flecha del arco desviada (ésta pa´PutaVaga 😉 ), al menos en lo último.

Especially dedicated to Salchicha Callejera. Ella sabe mejor que nadie a qué me refiero porque lo ha sufrido conmigo, sólo que ella fue más lista y se escapó….. para meterse en un Algodonal…. Pobre… Nunca aprenderemos ¿eh Salchi?. (Siento haberte dedicado un post tan lúgrube, pero ya vendrán otros que me están viniendo a la cabeza).

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Blog Warming Party

Los wordpresseros me habéis convencido. Hay que reconocer que WordPress es más bonito y fácil de usar. Y espero que no se caiga tanto como Blogger.

He empezado (o continuado) de la misma manera que empecé en Blogger. Simplemente por curiosidad abrí una cuenta, dejé un comentario por error en otro blog, y de pronto tenía comentarios vuestros. Hay que ver lo que animáis, blog compis.

Así que aquí me quedo. Y para celebrar el cambio de casa, aquí os dejo unas cañitas,

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unos pintxos,

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y que no falten las tapas orgásmicas.

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La música by DJ Snail Man.

Algo tranquilito, que es domingo. ¡Cómo odio los días del señor!

Lo último que he puesto me recuerda a mi grupo de amigos de hace unos años. Todos odiábamos los domingos, e hicimos la liga antidominguera, un domingo cualquiera de verano. Nos reunimos a tomar “una” pinta mi ex jefe, que estaba de Rodríguez, el informático de la empresa, que venía de jugar al fútbol vestido con su chándal del Barça, y yo, que venía con la mochila de la ropa de pasar el fin de semana en casa del Caracol (hace unos cuantos añitos como se puede ver). Acabamos en el Blues Bar, mi jefe bailando encima de una silla, el informático tocando el saxofón con los músicos del escenario, y yo sentaba porque no podía estar de pie de la risa de ver la escenita. Si algo aprendí esa noche, es que odio los domigos, pero más odio los lunes (ya de por sí aborrecibles) con resaca.

Pero lo dicho, que nos quiten lo “bailao”. Fue una de mis mejores noches en Londres.

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Feliz 2007

¡Feliz año a todos! ¡Éste va a ser nuestro año! Lo sé.

Tengo que decir que estoy muy orgullosa de mí misma ya que es primero de año y ni una pizca de resaca. Increíble, pero cierto. Es más, me he levantado a las nueve de la mañana y me he ido de paseo a Greenwich (léase “grinich”), que está cerca de dónde vivo. Según llegábamos por el otro lado del río, veíamos algo raro, y no acertábamos a adivinar qué era. Nos faltaba algo en el paisaje. De pronto nos dimos cuenta. Nos faltaban los mástiles del Cutty Sark. Creía que se lo habían llevado, pero no. Está cerrado por reformas, hasta finales del 2008. Es uno de los primeros sitios que visité cuando vine a vivir a Londres. Me tenía fascinada la historia del barco, y el velero en sí, cosa que no tiene mucha lógica teniendo en cuenta que soy de secano (no me baño en la playa ni aún me cueza viva del calor), de mar adentro y me crié en Madrizzzz, dónde ya se sabe, “no hay playa”. Incluso hice una maqueta, que cuando terminé se parecía más a una patera, que al famoso velero. Pero qué bien me lo pasé, oye.

Quién sabe si lo volveré a ver en pie. ¿Dónde estaré a finales del 2008? Aunque quizá debería por el momento centrarme en el 2007, que acaba de empezar.

La única novedad del año es que, éste churro post (tenía que escribir algo el día 1, no sé por qué) lo escribo en ordenador nuevo, con tildes y demás signos de puntuación. He jubilado al pobre Dino, que me mira lloroso desde su esquina habitual. El nuevo lo tengo desde hace varios días pero no he podido escribir en él. ¿Que por qué?. Pues porque aquí una, que es inteligente y habilidosa donde las haya, tocó donde no debía y cambié la configuración de la pantalla. En lugar de verlo todo apaisado, se veía en vertical. Así que me he pasado dos, que se dice pronto, DOS malditos días intentando cambiarla. La contractura del cuello casi se me había pasado. Ahora la tengo fatal de pasarme dos días con la cabeza ladeada dándole a botoncitos varios. En fin, a ver si dejo de ser tan patosa para todo. Lo que sí he hecho ha sido escribiros comentarios en los blogs. Así que os podeís imaginar la pinta que tenía mientras lo hacía. Lo mejor de todo es que el Caracol es informático. Sin comentarios.

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Último Día Laboral del 2006



 

 Si hay un día en todo el año en el que no me importa trabajar, ése es el último día laborable del año. Hoy ha sido fantástico por varias razones:

 

 

– No hay nadie por la calle y el tren del metro parecía compuesto por vagones fantasma. Casi podías echar carreras, hacer volteretas laterales y echarte una siesta tumbada en los asientos. El trayecto normal de 45 minutos, lo he hecho en media hora.

– No está el Cacique, alias director general, ni su séquito de lameculos, alias jefes de departamento varios.

– No hay trabajo, y aunque lo hubiera, nadie te controla y te puedes dar el lujazo de dejarlo para el año que viene.

– Hemos comido con cava, con lo cual si por la mañana hemos disimulado haciendo que currábamos (que se nos da muy bien), a la hora de la digestión, las inhibiciones estaban de vacaciones y el disimulo, de juerga con nosotros. La tarde la hemos dedicado a una “typical Spanish thing” que no hay que morirse sin probar. He enseñado a los pocos compañeros (de Lituania, Malasia, Serbia y Polonia, vamos, de aquí al “lao”), que estaban pringando conmigo en el latifundio, a comerse un polvorón como dios manda, es decir, se introduce el polvorón entero en la boca y se dice Z A R A G O Z A. (Les he convencido que ésa es la manera de comerlo y que es una tradición arragaidísima). Lo bueno es que no ha requerido enseñamiento previo de la palabra, porque da la casualidad de que mi jefe es mañico y ya sabían cómo pronunciarla. Tengo que reconocer que he cometido un error garrafal. Se me ha olvidado el paragüas en casa. Tenía polvorón hasta en el pelo e ido dejando rastros de mantecado por el metro, tipo Hansel y Gretel, versión ibérica.

– Nos hemos ido a casa dos horas antes, porque estábamos agotados de tanto trabajar y los sesos nos echaban humo. Hasta he tenido tiempo de echarme una siesta y dormir la mona del cava que aún me duraba.

– Es un fin de semana de tres días, como deberían ser todos los del año por Decreto y Directiva de la UE. (A ver si quien yo me , se pone a ello, y te voto, te juro que te voto. Si hace falta me empadrono en Murcia).

– Lo mejor de todo: Me van a pagar por tan arduo día de trabajo.

Ya podían ser así todos los días del 2007. Días laborables, claro. En el fin de semana se descansa que tanto estrés no hay quien lo aguante.

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